En 20 años de práctica odontológica puedo decir con certeza que la mayoría de los problemas que veo en consultorio (caries, enfermedad de encías, mal aliento) se originan en errores de higiene que se repiten todos los días. Lo bueno es que todos son corregibles.
Error 1: Cepillar demasiado fuerte
La presión excesiva es uno de los errores más dañinos y también de los más comunes. Muchas personas creen que "más fuerte = más limpio". Es exactamente al revés.
La placa bacteriana es una película blanda. Se remueve con una técnica suave y sistemática, no con fuerza. Lo que la presión excesiva sí logra es:
- Desgaste del esmalte (no se regenera)
- Recesión gingival (la encía se retrae)
- Hipersensibilidad dental
Técnica correcta: Ángulo de 45° entre el cepillo y la encía. Movimientos circulares o de barrido suaves. Presión equivalente a sostener el cepillo con tres dedos, sin apretar. Dos minutos de cepillado completo.
Dato útil: Los cepillos eléctricos con sensor de presión son la mejor inversión para quienes tienen este hábito. Si la cabeza del cepillo para de girar cuando apretás demasiado, el cerebro aprende solo.
Error 2: No usar hilo dental (o usarlo mal)
El cepillo, por más buena técnica que se use, no llega a las superficies de contacto entre los dientes. Esa zona representa el 35-40% del total de superficie dentaria. No usar hilo es dejar un tercio de cada diente sin limpiar todos los días.
Las caries interdentales (entre los dientes) son casi exclusivamente consecuencia de no usar hilo. Son las más difíciles de detectar clínicamente porque están escondidas, y suelen encontrarse cuando ya son importantes.
Técnica: 40-45cm de hilo. Enrollar la mayoría en los dedos medios, dejar 5cm de trabajo. Deslizar entre los dientes con movimiento de vaivén (no clavar). Hacer una "C" con el hilo abrazando cada diente y subir y bajar 2-3 veces. Nueva sección de hilo para cada espacio.
Alternativas al hilo tradicional: Los palillos interdentales (tipo Oral-B o Curaprox) son más fáciles de usar y muy efectivos para personas con espacios amplios entre los dientes. Los irrigadores orales son complemento, no reemplazo del hilo.
Error 3: Enjuagarse con agua después de cepillarse
Este es el error que más sorprende a la gente cuando lo explico.
Las pastas dentales contienen flúor. El flúor actúa remineralizando el esmalte, pero necesita tiempo de contacto con el diente para hacerlo. Cuando te enjuagás con agua después de cepillarte, eliminás ese flúor antes de que haga efecto.
Lo correcto: Escupir el exceso de pasta sin enjuagar. O, si querés enjuagarte, usar un enjuague bucal con flúor en vez de agua, a una hora diferente del cepillado (tipo después del almuerzo).
Error 4: Usar el mismo cepillo por más de 3 meses
Las cerdas de un cepillo manual se doblan y desgastan con el uso. Un cepillo con cerdas dobladas hacia afuera pierde entre el 40 y el 70% de su efectividad de limpieza.
Regla simple: Cambiar el cepillo (o la cabeza del eléctrico) cada 3 meses, o antes si las cerdas están visiblemente deformadas. También cambiar después de cualquier infección respiratoria o bucal.
Error 5: No limpiar la lengua
La lengua tiene una superficie rugosa con papilas donde se acumula placa bacteriana. Esta placa es responsable del 80-90% del mal aliento.
Cepillar los dientes y no la lengua es como limpiar el piso pero no las paredes.
Herramientas: El cepillo de dientes sobre la lengua funciona bien. Los raspadores linguales (tongue scrapers) son más eficientes y se consiguen en cualquier farmacia. 2-3 pasadas de adelante hacia atrás son suficientes.
Resumen: la rutina ideal
- Hilo dental primero (remueve lo que el cepillo no va a llegar)
- Cepillado 2 minutos, 45°, presión suave
- Raspador de lengua
- Escupir sin enjuagar
- Enjuague con flúor en otro momento del día (opcional)